El análisis: JUDAS PRIEST – "Nostradamus": El poder de los Dioses con mayúsculas
Y finalmente llegó. El ambiciosísimo y complejísimo proyecto musical en el que la banda madre de la New Wave Of British Heavy Metal se embarcó hace ahora dos años ha dado, al fin, sus frutos. Tal y como el grupo avisó, estamos ante una Ópera Metal. Porque a eso suena exactamente Nostradamus. El grupo describió así lo que sería este álbum finalmente doble, y ese término es el que mejor se ajusta al sonido trabajado, detallado al máximo, agresivo y dulce al mismo tiempo, y al carácter marcadamente épico de este auténtico viaje musical de matrícula de honor. Amigo, amiga, aquí tienes el resumen que desde EL ALMACÉN DEL ROCK podemos ofrecerte de una obra que, sinceramente, nos ha emocionado, nos ha puesto los pelos de punta, nos ha hecho reafirmarnos en el poder de los Dioses, no ya del Metal, sino de la música en general.*------------------------------------------------------------------------------*
ACT 1:
Las delicadas gotas de piano bajo colchones de sintetizador de la introducción ‘Dawn Of Creation’ nos sumergen en una deliciosa oscuridad atmosférica, en la que progresivamente va entrando la batería con unos extraños juegos de guitarra con sonido limpio y agudo que nos llevan a la explosión final, a la desembocadura en ‘Prophecy’, un medio tiempo bastante “Priest” en gran medida, pero con muchos más matices. Si muchos hablaron de la influencia de Sad Wings Of Destiny (1976) en Angel Of Retribution (el álbum del regreso de Rob Halford al estudio con JUDAS PRIEST en 2005), en este tema inicial de Nostradamus tal vez podríamos hacer lo propio con algunas partes del álbum Killing Machine/Hell Bent For Leather (1978), aunque en versión mucho más agresiva y completa. El colchón de sintetizador continúa en el background, arropando, aunque sin mostrarse demasiado invasivo. Las guitarras son avasalladoras y tienen el protagonismo absoluto, pese a esos matices adicionales, que son acertadísimos y no hacen sino enriquecer y potenciar el resultado sónico final. Los brillantes solos de guitarra de Glenn Tipton y K.K Downing se complementan a la perfección, y se reparten la sublime ilustración de la parte central de la canción, para terminar de forma simultánea con un breve pasaje a dos voces.
‘Prophecy’ se echa directamente en brazos de ‘Awakening’, un suave y majestuoso corte acústico en la línea de ‘Angel’, que servirá como introducción a la sensacional ‘Revelations’, en la que las incomparables guitarras de Tipton y Downing nos regalan un juego melódico magistral, que se combina con unos sintetizadores que permanecerán tras la explosión del resto de instrumentos. Estamos en un medio tiempo más rápido que ‘Prophecy’, en el que los sintetizadores acompañan a las guitarras rítmicas en el perfecto y compacto trazo de los riffs de las “avenidas principales” de la composición. Esta vez están mucho más arriba, aunque jamás en detrimento de la presencia de las guitarras en la mezcla, y sí añadiendo un plus de majestuosidad épica. El breve pero novedoso solo de guitarra acústica sorprende, y vuelve a añadir otro ingrediente más al conjunto, aunque enseguida lleva el reparto de “licks” eléctricos de los genios Tipton y Downing, que, con una maestría sin límites, vuelven a demostrar que en esto no hay competición, porque sólo ellos, junto con Rob e Ian (y desde hace ya tiempo con Scott Travis como miembro de pleno derecho) son los auténticos Metal Gods.
‘The Four Horsemen’ es otra intro, con un componente acústico esta vez no tan insistente, y con más sonido de órgano, en buena armonía con los sintetizadores y unos coros verdaderamente soberbios por su oscura delicadeza, en un pasaje musical realmente mágico que dará paso a ‘War’, cuya estructura es muy diferente a lo habitual en JUDAS PRIEST, tanto en la parte rítmica como en la instrumentación y en la voz de Rob, que canta las estrofas en una tonalidad inusualmente grave. Los sintetizadores siguen aportando carácter épico, medieval, guerrero… se trata de un corte en el que parece quererse llamar la atención más sobre el hecho de que está ocurriendo algo relevante en el contexto de la historia que está siendo contada que sobre la propia canción en general, aunque la composición no es, por ello, menos meritoria.
‘Sands Of Time’ es la siguiente transición musical. Una maravillosa perla de serena ejecución acústica combinada con toques de bombo, y con la sutileza de unos coros esta vez en un plano menor, y unos sintetizadores que siguen realizando una labor verdaderamente soberbia y encomiable, para la llegada de ‘Pestilence And Plague’, un corte con ese ritmo galopante típico de JUDAS PRIEST (léase ‘One Shot At Glory’, pero en versión algo más ralentizada), con carácter inmensamente épico, poderoso, decidido… con la medieval elegancia del guerrero, y con una melodía tremendamente pegadiza en muchos de sus pasajes. Los solos de guitarra realmente dejan sin respiración, y el conjunto sónico se antoja de una brillantez y un acierto artístico infinito.
‘Pestilence And Plague’ va a parar a ‘Death’, que, tras una breve intro propia, entra, gracias a la percusión, con paso lento, pero firme, en una línea que se mantendrá durante toda la composición. La voz de Rob Halford vuelve a emplear tonalidades bastante inusuales para él en JUDAS PRIEST. El corte es lento y duro, y tiene desembocaduras en partes sin percusión en las que aparece el inicio de las alocuciones de Rob. ¿Recuerdas aquellos temas un tanto extraños que cerraban álbumes como Killing Machine/Hell Bent For Leather (‘Evil Fantasies’), Defenders Of The Faith (‘Heavy Duty/Defenders Of The Faith’), o la primera parte de Screaming For Vengeance (‘Pain And Pleasure’)? Pues, sin duda, te recordará en muchos aspectos a todo aquello, aunque con una presencia mucho mayor de coros, y un sorprendente cambio de ritmo hacia la mitad que nos lleva a unas latitudes bastante trepidantes, parecidas a las de ‘Deceiver’ (álbum Sad Wings Of Destiny, 1976), antes de regresar a los ritmos ralentizados que comentábamos, y desembocar en ‘Peace’, otro corte transicional acústico. La verdad es que Glenn Tipton y K.K Downing se han lucido como nunca en este álbum. Y decimos como nunca porque, al habitual trabajo impoluto al que nos tienen acostumbrados en el plano eléctrico, hay que sumar este otro vértice de la obra, con unos pasajes acústicos inusualmente abundantes, y verdaderamente trabajados, que hacen de complemento ideal para contribuir decisivamente a lo que es, no sólo una obra maestra, sino si la obra más compleja y completa jamás creada por JUDAS PRIEST.
‘Conquest’, por su parte, se mueve en un medio tiempo al estilo de ‘Prophecy’, que nos lleva esta vez por una melodía realmente memorable, de esas que ya no se van una vez escuchadas, pero que ganan con cada escucha (un binomio en ocasiones difícil, lo cual añade más mérito, si cabe, al asunto), mientras ‘Lost Love’ es una inolvidable gema acústica que constituye otro de los mejores momentos del álbum. Te recordará, sin duda, en buena medida a ‘Before The Dawn’ (del álbum Killing Machine/Hell Bent For Leather, 1978), y es que, de algún modo, una de las cosas que JUDAS PRIEST ha explotado, sin duda, en Nostradamus, es ese otro lado, relativamente oculto, de piezas verdaderamente magníficas como la que acabamos de citar, o como la misma ‘Angel’, a la que nos referíamos más hacia el principio.
Con ‘Persecution’ entramos en el Metal más trepidante y tradicional del grupo, aunque siempre sin olvidar ese plus de sintetizadores, esta vez en un plano muy discreto, que hace sumar enteros al sonido. En este corte aplastante el grupo nos recuerda que, aunque estemos inmersos en el transcurso de una brillante y heterogénea Opera Metal, siguen siendo los que eran, y que seguirán siendo los auténticos Dioses también en la faceta más directa y apabullante. Los solos dobles de guitarra a dos voces de Tipton y Downing ponen los pelos como escarpias, así como los riffs principales de una pieza que, con matrícula de honor cum laude, pone el cierre a la primera parte de este infinito universo musical que es Nostradamus.
Las delicadas gotas de piano bajo colchones de sintetizador de la introducción ‘Dawn Of Creation’ nos sumergen en una deliciosa oscuridad atmosférica, en la que progresivamente va entrando la batería con unos extraños juegos de guitarra con sonido limpio y agudo que nos llevan a la explosión final, a la desembocadura en ‘Prophecy’, un medio tiempo bastante “Priest” en gran medida, pero con muchos más matices. Si muchos hablaron de la influencia de Sad Wings Of Destiny (1976) en Angel Of Retribution (el álbum del regreso de Rob Halford al estudio con JUDAS PRIEST en 2005), en este tema inicial de Nostradamus tal vez podríamos hacer lo propio con algunas partes del álbum Killing Machine/Hell Bent For Leather (1978), aunque en versión mucho más agresiva y completa. El colchón de sintetizador continúa en el background, arropando, aunque sin mostrarse demasiado invasivo. Las guitarras son avasalladoras y tienen el protagonismo absoluto, pese a esos matices adicionales, que son acertadísimos y no hacen sino enriquecer y potenciar el resultado sónico final. Los brillantes solos de guitarra de Glenn Tipton y K.K Downing se complementan a la perfección, y se reparten la sublime ilustración de la parte central de la canción, para terminar de forma simultánea con un breve pasaje a dos voces.‘Prophecy’ se echa directamente en brazos de ‘Awakening’, un suave y majestuoso corte acústico en la línea de ‘Angel’, que servirá como introducción a la sensacional ‘Revelations’, en la que las incomparables guitarras de Tipton y Downing nos regalan un juego melódico magistral, que se combina con unos sintetizadores que permanecerán tras la explosión del resto de instrumentos. Estamos en un medio tiempo más rápido que ‘Prophecy’, en el que los sintetizadores acompañan a las guitarras rítmicas en el perfecto y compacto trazo de los riffs de las “avenidas principales” de la composición. Esta vez están mucho más arriba, aunque jamás en detrimento de la presencia de las guitarras en la mezcla, y sí añadiendo un plus de majestuosidad épica. El breve pero novedoso solo de guitarra acústica sorprende, y vuelve a añadir otro ingrediente más al conjunto, aunque enseguida lleva el reparto de “licks” eléctricos de los genios Tipton y Downing, que, con una maestría sin límites, vuelven a demostrar que en esto no hay competición, porque sólo ellos, junto con Rob e Ian (y desde hace ya tiempo con Scott Travis como miembro de pleno derecho) son los auténticos Metal Gods.
‘The Four Horsemen’ es otra intro, con un componente acústico esta vez no tan insistente, y con más sonido de órgano, en buena armonía con los sintetizadores y unos coros verdaderamente soberbios por su oscura delicadeza, en un pasaje musical realmente mágico que dará paso a ‘War’, cuya estructura es muy diferente a lo habitual en JUDAS PRIEST, tanto en la parte rítmica como en la instrumentación y en la voz de Rob, que canta las estrofas en una tonalidad inusualmente grave. Los sintetizadores siguen aportando carácter épico, medieval, guerrero… se trata de un corte en el que parece quererse llamar la atención más sobre el hecho de que está ocurriendo algo relevante en el contexto de la historia que está siendo contada que sobre la propia canción en general, aunque la composición no es, por ello, menos meritoria.
‘Sands Of Time’ es la siguiente transición musical. Una maravillosa perla de serena ejecución acústica combinada con toques de bombo, y con la sutileza de unos coros esta vez en un plano menor, y unos sintetizadores que siguen realizando una labor verdaderamente soberbia y encomiable, para la llegada de ‘Pestilence And Plague’, un corte con ese ritmo galopante típico de JUDAS PRIEST (léase ‘One Shot At Glory’, pero en versión algo más ralentizada), con carácter inmensamente épico, poderoso, decidido… con la medieval elegancia del guerrero, y con una melodía tremendamente pegadiza en muchos de sus pasajes. Los solos de guitarra realmente dejan sin respiración, y el conjunto sónico se antoja de una brillantez y un acierto artístico infinito.
‘Pestilence And Plague’ va a parar a ‘Death’, que, tras una breve intro propia, entra, gracias a la percusión, con paso lento, pero firme, en una línea que se mantendrá durante toda la composición. La voz de Rob Halford vuelve a emplear tonalidades bastante inusuales para él en JUDAS PRIEST. El corte es lento y duro, y tiene desembocaduras en partes sin percusión en las que aparece el inicio de las alocuciones de Rob. ¿Recuerdas aquellos temas un tanto extraños que cerraban álbumes como Killing Machine/Hell Bent For Leather (‘Evil Fantasies’), Defenders Of The Faith (‘Heavy Duty/Defenders Of The Faith’), o la primera parte de Screaming For Vengeance (‘Pain And Pleasure’)? Pues, sin duda, te recordará en muchos aspectos a todo aquello, aunque con una presencia mucho mayor de coros, y un sorprendente cambio de ritmo hacia la mitad que nos lleva a unas latitudes bastante trepidantes, parecidas a las de ‘Deceiver’ (álbum Sad Wings Of Destiny, 1976), antes de regresar a los ritmos ralentizados que comentábamos, y desembocar en ‘Peace’, otro corte transicional acústico. La verdad es que Glenn Tipton y K.K Downing se han lucido como nunca en este álbum. Y decimos como nunca porque, al habitual trabajo impoluto al que nos tienen acostumbrados en el plano eléctrico, hay que sumar este otro vértice de la obra, con unos pasajes acústicos inusualmente abundantes, y verdaderamente trabajados, que hacen de complemento ideal para contribuir decisivamente a lo que es, no sólo una obra maestra, sino si la obra más compleja y completa jamás creada por JUDAS PRIEST.
‘Conquest’, por su parte, se mueve en un medio tiempo al estilo de ‘Prophecy’, que nos lleva esta vez por una melodía realmente memorable, de esas que ya no se van una vez escuchadas, pero que ganan con cada escucha (un binomio en ocasiones difícil, lo cual añade más mérito, si cabe, al asunto), mientras ‘Lost Love’ es una inolvidable gema acústica que constituye otro de los mejores momentos del álbum. Te recordará, sin duda, en buena medida a ‘Before The Dawn’ (del álbum Killing Machine/Hell Bent For Leather, 1978), y es que, de algún modo, una de las cosas que JUDAS PRIEST ha explotado, sin duda, en Nostradamus, es ese otro lado, relativamente oculto, de piezas verdaderamente magníficas como la que acabamos de citar, o como la misma ‘Angel’, a la que nos referíamos más hacia el principio.
Con ‘Persecution’ entramos en el Metal más trepidante y tradicional del grupo, aunque siempre sin olvidar ese plus de sintetizadores, esta vez en un plano muy discreto, que hace sumar enteros al sonido. En este corte aplastante el grupo nos recuerda que, aunque estemos inmersos en el transcurso de una brillante y heterogénea Opera Metal, siguen siendo los que eran, y que seguirán siendo los auténticos Dioses también en la faceta más directa y apabullante. Los solos dobles de guitarra a dos voces de Tipton y Downing ponen los pelos como escarpias, así como los riffs principales de una pieza que, con matrícula de honor cum laude, pone el cierre a la primera parte de este infinito universo musical que es Nostradamus.
ACT 2:
La segunda parte se abre con ‘Solitude', una lúgubre intro de piano y sintetizador de fondo que va dejando unas notas y unos devaneos musicales en el aire antes de abrir paso a ‘Exiled’, una pieza musicalmente atípica para el grupo, de ritmo contenido, y con unas guitarras que en la fase inicial de las estrofas van marcando el tempo con unos acordes limpios que recordarán a aquellos de la parte central de ‘Burnin’ Up’ (de Killing Machine/Hell Bent For Leather), hasta desembocar en una parte más fuerte y con más overdrive y decibelios, aunque sin abandonar en ningún momento el carácter eminentemente melódico del álbum en general, y de esta pieza en particular.
Llega ‘Alone’, que arranca con unos compases de guitarra acústica seguidos de un sutil sintetizador y unas gotas de guitarra eléctrica. La voz de Halford llega justo detrás, y el tema va cobrando forma poco a poco, a medida que los arpegios acústicos iniciales se tornan rasgueos, y las guitarras eléctricas llegan para entrar de lleno en el desarrollo de un tema firme y a medio tiempo lento, de base muy dura y dulce al mismo tiempo, producto de la perfecta fusión de las guitarras y los teclados. Las guitarras acústicas no se marchan, pese a reducir considerablemente su presencia, y los coros hacen el resto, para que la fuerza épica del conjunto no decaiga un ápice. Rob Halford deja tras de sí algún agudo de esos inolvidables que siguen revelando que ha sido, es y será el vocalista de Heavy Metal por antonomasia.
En ‘Shadows In The Flame’ volvemos a esos aromas y a esas esencias musicales acústicas y suaves, en las que Halford hace las veces de narrador y de elemento de puesta en contexto en cada momento de una historia, en este caso para derivar hacia ‘Visions’, un medio tiempo lento en el que nos topamos de nuevo con esa combinación tan apetecible que es siempre la de lo agresivo con lo dulce. El resultado es francamente bueno. En la fase central, Glenn Tipton y K.K Downing vuelven a lucirse y a hacer gala de su carácter de maestros de las seis cuerdas.
‘Hope’ es la desembocadura de ‘Visions’. Más texturas acústicas, siempre cuidadísimas, siempre delicadas, siempre detalladas, y siempre magistrales en su exposición. Son el preludio de ‘New Beginnings’, una hermosura de balada llena de belleza musical, que se beneficia de esa faceta acústica a la que se suma un curioso ritmo de batería en el comienzo y algún efecto acertado que suma a la hora de crear la atmósfera adecuada. A ella se van sumando dibujos y punteos eléctricos, así como unos bellos detalles de piano, hasta alcanzar una suma electroacústica que arroja un resultado inmejorable. Uno de los mejores momentos de Nostradamus, sin duda.
Y, si de los mejores momentos (de una obra en la que ya de por sí no hay altibajos) tenemos que hablar, casi ninguno como el bestial tema título del álbum: ‘Nostradamus’, que llega tras ‘Calm Before The Storm’ (otra gloriosa intro más, que va señalando el final del túnel en esta aventura épica llena de magia). Los sintetizadores dan la entrada a la voz de Halford que, en tono entre quejumbroso y guerrero, deja las cosas en el aire para que, de forma totalmente súbita, aparezca un verdadero cañonazo de Heavy Metal clásico en la más pura línea de ‘Painkiller’, y de muchos de los pasajes del álbum con el mismo nombre. Sencillamente bestial.
En el final definitivo, sobre una lenta y fuerte base de batería, ‘Future Of Mankind’ entra con aires de desfile marcial. Vuelve esa mezcla de dulzura con agresividad que es la seña de identidad más clara de esta maravilla de álbum, y los dobles punteos del inconmensurable dúo Tipton-Downing se abrazan esta vez a las texturas de los sintetizadores creando un todo realmente atractivo. Son los últimos suspiros de uno de los álbumes que será, sin duda, uno de los definitivos, no sólo para 2008, sino para la mejor y más brillante historia del Rock y el Metal.
Esto es Metal aristocrático. Ni más ni menos. Y algo así NO puede hacerlo cualquiera. Y mucho menos con estos resultados. Los grandes mega-plastas de la historia del Metal – ese cúmulo de aburridísimas bandas de ese género llamado Power Metal con sede en ciertas zonas de Centroeuropa – llevan toda su vida intentándolo. Intentando demostrar al mundo lo maravillosas que son sus eternamente tortuosas historias conceptuales de monstruos, mazmorras, dioses y quién sabe cuántas cosas más, bañadas en inaguantables dosis de dobles bombos y “contra-ritmos”. Los resultados (con alguna sana excepción, como Nightfall In Middle Earth de BLIND GUARDIAN) son siempre pesadísimos, repetitivos, genéricos y horrorosos. Levantan un dolor de cabeza que no hay quien pare, y dan ganas de decirles que se dediquen a la recolección de caracoles.
Pero cuando la materia prima es tan de primerísima clase, la cosa es muy otra, y los resultados saltan a la vista. Si en 2006 afirmábamos sin reservas que A Matter Of Life And Death, de IRON MAIDEN, es una obra maestra y un álbum sin desperdicio, idénticos calificativos merece esta bestial Opera Metal que es Nostradamus, el nuevo álbum de JUDAS PRIEST, los padres del Metal Británico, los ases del género… los auténticos Metal Gods. Enhorabuena, pues, Rob, Glenn, Ken, Ian y Scott, porque si Angel Of Retribution fue un gran álbum a la altura de los grandes maestros, Nostradamus está ya, sin duda, en otra dimensión muy superior: La de los Dioses (sí, con mayúsculas).
La segunda parte se abre con ‘Solitude', una lúgubre intro de piano y sintetizador de fondo que va dejando unas notas y unos devaneos musicales en el aire antes de abrir paso a ‘Exiled’, una pieza musicalmente atípica para el grupo, de ritmo contenido, y con unas guitarras que en la fase inicial de las estrofas van marcando el tempo con unos acordes limpios que recordarán a aquellos de la parte central de ‘Burnin’ Up’ (de Killing Machine/Hell Bent For Leather), hasta desembocar en una parte más fuerte y con más overdrive y decibelios, aunque sin abandonar en ningún momento el carácter eminentemente melódico del álbum en general, y de esta pieza en particular.
Llega ‘Alone’, que arranca con unos compases de guitarra acústica seguidos de un sutil sintetizador y unas gotas de guitarra eléctrica. La voz de Halford llega justo detrás, y el tema va cobrando forma poco a poco, a medida que los arpegios acústicos iniciales se tornan rasgueos, y las guitarras eléctricas llegan para entrar de lleno en el desarrollo de un tema firme y a medio tiempo lento, de base muy dura y dulce al mismo tiempo, producto de la perfecta fusión de las guitarras y los teclados. Las guitarras acústicas no se marchan, pese a reducir considerablemente su presencia, y los coros hacen el resto, para que la fuerza épica del conjunto no decaiga un ápice. Rob Halford deja tras de sí algún agudo de esos inolvidables que siguen revelando que ha sido, es y será el vocalista de Heavy Metal por antonomasia.
En ‘Shadows In The Flame’ volvemos a esos aromas y a esas esencias musicales acústicas y suaves, en las que Halford hace las veces de narrador y de elemento de puesta en contexto en cada momento de una historia, en este caso para derivar hacia ‘Visions’, un medio tiempo lento en el que nos topamos de nuevo con esa combinación tan apetecible que es siempre la de lo agresivo con lo dulce. El resultado es francamente bueno. En la fase central, Glenn Tipton y K.K Downing vuelven a lucirse y a hacer gala de su carácter de maestros de las seis cuerdas.
‘Hope’ es la desembocadura de ‘Visions’. Más texturas acústicas, siempre cuidadísimas, siempre delicadas, siempre detalladas, y siempre magistrales en su exposición. Son el preludio de ‘New Beginnings’, una hermosura de balada llena de belleza musical, que se beneficia de esa faceta acústica a la que se suma un curioso ritmo de batería en el comienzo y algún efecto acertado que suma a la hora de crear la atmósfera adecuada. A ella se van sumando dibujos y punteos eléctricos, así como unos bellos detalles de piano, hasta alcanzar una suma electroacústica que arroja un resultado inmejorable. Uno de los mejores momentos de Nostradamus, sin duda.
Y, si de los mejores momentos (de una obra en la que ya de por sí no hay altibajos) tenemos que hablar, casi ninguno como el bestial tema título del álbum: ‘Nostradamus’, que llega tras ‘Calm Before The Storm’ (otra gloriosa intro más, que va señalando el final del túnel en esta aventura épica llena de magia). Los sintetizadores dan la entrada a la voz de Halford que, en tono entre quejumbroso y guerrero, deja las cosas en el aire para que, de forma totalmente súbita, aparezca un verdadero cañonazo de Heavy Metal clásico en la más pura línea de ‘Painkiller’, y de muchos de los pasajes del álbum con el mismo nombre. Sencillamente bestial.
En el final definitivo, sobre una lenta y fuerte base de batería, ‘Future Of Mankind’ entra con aires de desfile marcial. Vuelve esa mezcla de dulzura con agresividad que es la seña de identidad más clara de esta maravilla de álbum, y los dobles punteos del inconmensurable dúo Tipton-Downing se abrazan esta vez a las texturas de los sintetizadores creando un todo realmente atractivo. Son los últimos suspiros de uno de los álbumes que será, sin duda, uno de los definitivos, no sólo para 2008, sino para la mejor y más brillante historia del Rock y el Metal.
Esto es Metal aristocrático. Ni más ni menos. Y algo así NO puede hacerlo cualquiera. Y mucho menos con estos resultados. Los grandes mega-plastas de la historia del Metal – ese cúmulo de aburridísimas bandas de ese género llamado Power Metal con sede en ciertas zonas de Centroeuropa – llevan toda su vida intentándolo. Intentando demostrar al mundo lo maravillosas que son sus eternamente tortuosas historias conceptuales de monstruos, mazmorras, dioses y quién sabe cuántas cosas más, bañadas en inaguantables dosis de dobles bombos y “contra-ritmos”. Los resultados (con alguna sana excepción, como Nightfall In Middle Earth de BLIND GUARDIAN) son siempre pesadísimos, repetitivos, genéricos y horrorosos. Levantan un dolor de cabeza que no hay quien pare, y dan ganas de decirles que se dediquen a la recolección de caracoles.
Pero cuando la materia prima es tan de primerísima clase, la cosa es muy otra, y los resultados saltan a la vista. Si en 2006 afirmábamos sin reservas que A Matter Of Life And Death, de IRON MAIDEN, es una obra maestra y un álbum sin desperdicio, idénticos calificativos merece esta bestial Opera Metal que es Nostradamus, el nuevo álbum de JUDAS PRIEST, los padres del Metal Británico, los ases del género… los auténticos Metal Gods. Enhorabuena, pues, Rob, Glenn, Ken, Ian y Scott, porque si Angel Of Retribution fue un gran álbum a la altura de los grandes maestros, Nostradamus está ya, sin duda, en otra dimensión muy superior: La de los Dioses (sí, con mayúsculas).


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